lunes, 26 de diciembre de 2011

*[Hallelujah]*

"Detengamos el tiempo" me susurraste al oído.
Fue entonces cuando comprendí que el amor sólo duraba un "aquí y ahora" y que nadie sabía si el año que viene nuestros caminos tomarían senderos separados.
Me llevé hasta las doce de la noche del 31 de diciembre intentando detener las agujas del reloj. Consulté manuales, visité a un chamán, trepé al Big Ben, invoqué a la naturaleza, lloré todas y cada una de las horas que se me iban escapando.
Cuando sonaron los cuatro cuartos mi corazón empezó a acelerarse a un ritmo vertiginoso. Las seis primeras campanadas consiguieron que una atea rezara por el amor eterno. Acudí a todos los dioses que se me ocurrieron, les prometí, les juré, y nada, las uvas seguían consumiéndose. Las últimas seis campanadas le rogué al diablo, como última alternativa. Hacer un pacto con el demonio entraba en mis planes. Para qué iba yo a querer un alma si tú no estabas a mi lado. Pero nada. Nada.
Me quedé sentada mientras mis familiares me zarandeaban, me felicitaban el año nuevo y me deseaban toda la suerte del mundo. En cierto modo, iba a necesitarla.
Viniste a mí, a besarme, henchido de amor. Era tanto el tiempo que te había sentido perdido, tanto el tiempo que había sufrido por conservarte, tanto el tiempo que había elevado tu figura a algo eterno, que cuando quise besarte había demasiado dolor en mi alma como para seguir amándote. Y ya no volví a hacerlo. Nuestro "aquí y ahora" terminó aquel año, aunque nuestro amor siguiera siendo eterno.

sábado, 24 de diciembre de 2011

*[Xmas Time]*

Llevo días intentando poner en orden mis ideas.
Todo el mundo quiere vislumbrar en sus ojos algo del espíritu navideño que me sobra. "Marina", dicen, "haznos entender tu ilusión por la Navidad". Parece que está de moda odiar la Navidad, ser el Grinch, gritarle a los niños que los Reyes Magos no existen, ir contra el sistema.
Me dicen, también, que ésta es una época triste porque no están con nosotros algunos a los que queríamos, o seguimos queriendo. No obstante, tampoco lo están el resto del año.
La Navidad es hermosa. Todo brilla. La luz y los colores te absorven, la comida es amena, abundante, variada, y está permitido hincharse a porquerías siempre que no rebases el peso de Papá Noel. La gente es simpática, las canciones son cálidas, las películas emotivas y los días, festivos.
Normalmente hace frío. Normalmente, porque aquí aún parece octubre. Puedes llegar a casa, tirarte con una leche caliente con canela y cacao y leer toda la tarde tapada con una manta. O arroparte con los que más quieres.
Los chalecos son de cuello vuelto y el dinero deja su prepotencia a un lado para convertirse en cajas envueltas con lazos brillantes. Los anuncios hacen llorar y las sonrisas vuelan.
La Navidad es mi periodo favorito del año, y sí, me han pasado cosas malas en estas fechas, pero no las asocio. Podrían haber pasado en verano también.  Nunca he dejado que nada ni nadie me amargue la inocencia que me embruja estos días.
Y dejo de escribir, que estoy desperdiciando minutos de exprimir mi Navidad.

domingo, 18 de diciembre de 2011

*[Caprichos]*

Dame más café, más café que esta triste taza. La cafeína me permitirá verte de nuevo hasta que despunte el alba. Te miraré al final de la noche y al comienzo de la misma.
Dame más calor, más calor que esta triste sábana de franela naranja. El calor me recordará que el frío a tu lado no existe. Ni en tu París, ni en mi Nueva York, ni en cada uno de los lugares en los que podamos despertar desorientados.
Dame más olor, más olor que este triste champú de supermercado. El perfume de tu sudor me arrancará las pocas ganas de moverme de este país sin nombre que delimitan los cuatros costados de tu cama.
Dame más conversación, más conversación que este triste blog. La república empieza en tu mochila y termina en mi clítoris.
Que no se entere el mundo de todo lo que me das, o me tomarán por una consentida.

*[Tú]*

Para que Neruda escribiese la canción de amor desesperado, antes tuvo que hurgarse - de nuevo - sus veinte dolores y apuñalarlos en forma de poemas. Por eso, antes de ti, tuve que vivir ese mal recuerdo que toda muchacha tiene.
Siempre me habían dicho que el amor debía ser sencillo y fácil, pero me negaba a verlo así. Y me alegro de ello.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

*["La culpabilidad como silogismo" parte I]*

El problema venía del cinismo, o eso pensaba yo.
La gente tiende a echarle la culpa a algo, pero la culpa no existe. La idea, el concepto, se queda en nada. La realidad no es más que una concatenación de circunstancias entrelazadas. Tú estás en el centro de la madeja y tiras y aflojas como todos los demás. Tus acciones repercuten en aquellas vidas, indirecta o directamente. Un asesino puede tener la culpa si apuñala a sabiendas a alguien, pero, si va en coche y le dan por el maletero en una rotonda haciendo que su coche atropelle a otro no tiene la culpa. Podría haber estado más atento, tal vez, o jugar mejor con sus reflejos, pero el no tenía intención de nada. Como tampoco lo tenía el que chocó. O sí. Esas culpas me parecen un tanto viscerales.
La culpa no existe. Esa afirmación me ha hecho ganar mucho tiempo a lo largo de los años. No busco asesinos o malas personas por el mundo. Simplemente me dedico a evitar los problemas y no pararme a indagar el caso y castigar al culpable. Una vida sin culpa es una vida sin odio. El odio corroe, el odio crepita, el odio perdura. Y yo no quiero nada de eso. Los problemas no hay que acusarlos, ya vienen solos.
Toda esa teoría del odio y la culpa, de las circunstancias y las consecuencias no es más que una excusa. No para mí, claro está. Es una excusa para los que me consideran, en todos los sentidos de la palabra, culpable.

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Salí temprano de la casa de Mark, dejándolo entre las sábanas, con olor a pasión lasciva aún. Sólo quería ducharme y beber algo caliente. Él estaba acostumbrado a dormir en invierno casi sin ropa de cama, mi piel se quejaba. Al principio no notaba el frío, porque mi cuerpo estaba caliente tras el acto y él me arropaba, pero cuando la noche avanzaba y cambiábamos de posición él conservaba su calor y el mío se desprendía. Esa soy yo, la que tira de la manta y sigue helada. Los pies como cubitos, porque no me gusta hacerlo con calcetines. No culpo a Mark por no poner un nórdico, ni por no despertarse en medio de la noche a contemplarme dormida y velar por mi bienestar. Si se levantase y me observara se daría cuenta de que hablo en sueños y es el nombre de otras personas el que murmuro, no el suyo. La noche habría sido más corta, también, si el hubiese sabido tocarme. Los hombres son rudos a veces. Inclinado sobre besarme o morderme elegía los dientes, siempre. De pronto empezaba a hablar, diciéndolo todo de un tirón, sin guardarse misterios y cuentos chinos para el postre. Andaba por mi vientre con los ojos vidriosos, cada día más ligero de manos. ¿Sinceridad? Cuidado con la palabra. Ese no era nuestro convenio dos meses atrás. Realmente obviamos el pasado y toda su cubertería. Lo pactamos, aunque fuese difícil abolirlo. La sinceridad nos llevaría a odiarnos un poco. ¿Qué es la sinceridad? A fin de cuentas... que yo le diga lo que no me gusta y él lo que querría de verdad, que es lo mismo. "Por favor, ¿podrías apagar la luz? Lo prefiero así" y respondería que él prefiere verme desnuda. Saldría perdiendo uno. Eso lo dejaba momentáneamente tranquilo, el arrugar con los dedos el papel que le había dado unos días atrás con un te quiero escrito en una de las caras. Un poco de mentira piadosa no hace mal a nadie. Además yo le quería, según se mirara. ¿Cómo sabe si es verdad un te quiero alguien que no ama? No todo ese periodo estuvo dominado por mis aires de dominadora y sus aires de dominado. Esa paz ya resuelta y casi definitiva que pesaba en su cama, le dejaba conforme con nuestro pequeño destino y un poco torpe debido a mi insomnio. No obstante, no era su culpa.

Por la calle contemplaba mis propios pasos. Siempre había tenido la supersticiosa diversión de esquivar determinadas baldosas, a las que iba señalando inconvenientes, improvisando augurios. Pero no le estaba poniendo mucho esmero. Pisé una de las prohibidas y pegué un grito delicioso, pero corto, sin ecos. La calle estaba sola. Me puse a pensar en las cosas ridículas que había leído sobre las aceras solitarias, sobre las farolas, sobre la madrugada, y me sentí capaz de avergonzarme por ellas. Acaso estaba orando, arrepintiéndome de los automóviles y mi ropa, de todo mi pecado. Cuando mi mente alcanzaba el siguiente disparate, reconocí la puerta. Mi casa era asimismo una idea poco satisfactoria, pero francamente práctica. Me quedaba el problema de qué hacer ahora con el pasado. No era cosa de alimentarlo en silencio ni de estrangularlo. Mi incomunicable silencio se estiraba en la calle, así que decidí entrar.

jueves, 1 de diciembre de 2011

*[La suavidad y sus consecuencias]*

Puedes llevarte toda la vida vistiéndote con prendas de mimbre. No acusas al mimbre de áspero, pues no conoces otra cosa.
Pero llega el día en el que te enfundas en seda y su tacto te envuelve, te lleva, te arropa. Y ya nada vuelve a ser lo mismo.
Pues eso sentí con sus labios. Eso mismo.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

*[She knows nothing]*

El tiempo decidió detenerse un año, hacerse más largo. Y ella lo notó.


Iba por la calle, en su rutinario trayecto hacia casa, tras una jornada poco memorable, cuando avistó tras una pared, entre arbustos, un paquete envuelto en papel de regalo y con un lazo.
Lo miró de reojo y continuó andando.
"¿Quién se dejaría un regalo por la calle?" Sería, probablemente, un olvido. Si no, una broma pesada. La gente o tiene poco tiempo o tiene demasiado. Además, ¿quién era ella para coger algo que no era suyo? Bien cierto, es también, que la propiedad, en la calle y sin señalizador, puede pasar por incierta. Pero ella sabía que era ajena y no le pertenecía.
Casi alcanzaba la puerta de su vivienda cuando se paró a pensar. No podría vivir con esa incertidumbre. ¿Y si era para ella? Podía estar allí predestinado, simplemente, a que una mente curiosa como la suya se plantease mil cosas, ética aparte, antes de rendirse a su primer impulso: cogerlo.
Volvió sobre sus pasos y se acercó lentamente, como si la caja tuviera una bomba en su interior. "La curiosidad mató al gato" se repetía una y otra vez.
"Por dios, es sólo una caja"
La agarró por las paredes laterales y la agitó a fin de adivinar su contenido. Parecía vacía, no obstante, un ligero peso le indicaba lo contrario. Miró a un lado y a otro. Al ver que estaba sola echó a correr con la caja a cuestas hasta llegar a un callejón que no distaba mucho de allí.
Sintiéndose visiblemente más relajada lejos de la mirada de otros, y temiendo que precisamente fueran unos bromistas que sólo quisieran reirse de un ladrón anónimo observando sus movimientos, comenzó a romper el papel.
Se anudó el lazo a la muñeca, como siempre hacía, y abrió las solapas de cartón.
La caja estaba vacía.
La caja resplandecía.
De pronto comenzaron a salir maravillas de sus fauces. Leones sobrevolaban la ciudad, flores con paraguas bailaban al compás de instrumentos de caramelo, bolas peludas botaban por doquier, luces de colores nunca antes vistos se transformaban en diamantes, el agua lo cubrió todo...


El tiempo empezó a girar con más fuerza que nunca. Por fin.






martes, 29 de noviembre de 2011

*[Tiempos convulsos]*

Estábamos todos cansados y acabamos en el río, tirados a la orilla, entre el césped y los juncos. Había quien era alérgico y acabaría lleno de ronchas, había quien se vomitaría encima.

- Hace frío.
- Huele a alcohol.
- Me hago pis.

Continuamos así horas, mirando al cielo sin ver las estrellas. Callados sin pensar en nada. Borrachos de amistad.

*[Jerusalén]*

A veces le daba a sus palabras una importancia innecesaria.
Hay quien habla por escuchar el sonido de su voz rompiendo contra sus paletas.
Hay quien escribe por leerse inteligente y no sentirse tan mediocre.

*[Sueños de ayer y de hoy]*

El triqui troc del teclado, el triqui troc que le osculta.
Aquí no hay médico que valga, ni enfermedad a la que afiliarse.
Los tecnicismo avecinan una profesión que se cansa sola,
que se adormece entre líneas
que se borra al llegar la tarde.
Los problemas del sueño rompen la rutina
que es, a fin de cuentas, lo que más me mata:
la salud.
No podría decirte ahora que pienso en positivo
si sólo veo números rondando las páginas.
Las páginas que solían decir algo, que cantaban,
que respiraban y vivían.
Me conservo para resolver problemas,
me contradigo.
Quería ser humana, más humana aún
y acabe diseñando robots.
La relatividad estaba tras la esquina,
la penicilina
podría haber esperado
a que la humanidad se amase mejor.
No me divido en ideas, pues convergen en el mismo punto del que salen
y fluyen entre paredes de ladrillo o de papel.
Eso no importa,
ni el tiempo,
ni el camino,
ni siquiera yo.

domingo, 27 de noviembre de 2011

*[Decadencia central]*

La ciudad envidia al campo por su pureza:
le quiere el verde,
le añora la vida.
Las pliegues de sus edificios
se marginan solos.
A veces entre callejones
lloran las tuberías.
Los días
pasan más rápido
y las emociones
enferman antes.
Los ríos menguan
entre barrios marginales.
Mi ciudad envidia el campo
y se crea bosques
por donde respirar.
Mi ciudad quiere ser campo
y yo quiero que sea ciudad
porque el campo no me gusta.

*[18 Dieciocho en blanco y negro BN]*





*[Consider this]*

Él escribía jirones de ojos.
Podredumbre le sonaba a palabra inventada,
podredumbre real ni hablemos.
No estaba aún demasiado enfermo.
¿Alguna canción?
Todas, menos la suya.
Le faltaba perder principios para llegar a ser alguien.
¿Algún libro?
Todos, menos el suyo.
Buscar su nombre en la guía era inútil.
La existencia vacía de alguien que no,
no era ella,
era él.

sábado, 19 de noviembre de 2011

*[Contaminación/Inmundicia]*

"El jabón no limpia ciertas manchas" pensó mientras emborronaba las cicatrices de sus muñecas. La mugre se retraía en cada línea indefinida. La herrumbre se expandía por los brazos, ascendía por los hombros y le rebosaba los párpados.
No pudo mirarse en el espejo porque la suciedad la tapaba.

sábado, 12 de noviembre de 2011

*[Excusas]*

La gente dice que los poetas sólo escribimos cuando somos infelices. No voy a desmentirlo, pero sí a argumentarlo:
Cuando somos felices tenemos mejores cosas que hacer que escribir.

jueves, 10 de noviembre de 2011

*[En estas noches de Luna Llena, tan tuyas]*

Le huelo en mi cuello, le huelo en mi vida.
Ya no hay vuelta atrás.
Trastea conmigo, con mis heridas.
El amor ciego, lo llamaban.

Las puertas al pasado son ventanas
que se siente aludidas
y cierran sus persianas
poco a poco, suavemente,
dejando que aquella brisa me arrope
por última vez. Para siempre.

sábado, 5 de noviembre de 2011

*[Físic@]*

No siento si no es lo mío.
Si no es aquí, a veces.
Me arden las retinas del alquitrán
que tus cálculos
le suman a mi vida,
le restan a mis días.
La estupidez se multiplica
el futuro se divide
los números se giran al verme pasar
y susurran
y no sospechan del arma
que escondo entre mis medias
ni el alma que escondo
bajo el cinismo.

                                                                                                                                                            El número π es estúpido

*[Mi segundo Otoño]*

Esta estación no es especialmente fría
ni se me cansa entre las piernas.
Tal vez, si la acaricio,
si la acaricio podría
dormir tranquila
hasta que llegue invierno
y se enfunde sus trajes blancos
su lana escaldada
su edredón de sueños
su mirar esquivo
sus manos nauseabundas
su delantal manchado
sus espinas suaves.

miércoles, 19 de octubre de 2011

*[Doble moral]*

Llorar
refresca el alma
lubrica las lentillas.

*[Streetlights v.2]*

Humo y respuestas. Respiro. Humo y respuestas. Respiro.
Mi exhalación provoca el humo, las respuestas vienen de no sé dónde. Todo lo que quiero saber está dos pasos por delante. Sólo tengo que correr un poco más y todas las preguntas habrán desaparecido.
Me siento exhausta, lejos de mi casa. La obligacion persiste: no puedo caer.
Humo y respuestas. Respiro. Suspiro.
Mierda, no des un traspiés. Ya te queda menos. Puedo ver la última farola de la calle. Mi único cometido es no caer. No desvanecerme entre tanta pregunta, tanta respuesta, tanto frío.


*[Streetlights v.1]*

Mientras los bares abren calles
mis vecinos
                        [los que huelen a puchero
se encierran en sus casas
con esmero
por temor a la loca
                        [yo
que le pregunta a las farolas
con reproche
por qué demonios
sólo sabe escribir de noche.

domingo, 16 de octubre de 2011

*[Uterina]*

Podría contaros muchas cosas sobre mi útero pero serían todas mentira. Aún no me lo han presentado:
"Marina, tu útero"
"Útero, tu tú"
No quiero conocerlo. No me malentendáis, puede caerme mal. Y a ver como conviviríamos de ahí en adelante.

*[Smells like teen spirit]*

Mi cameo en el tributo a Nirvana. Sí, son The Buzz Lovers, y yo la loca que baila.

viernes, 14 de octubre de 2011

*[Las cosas por su nombre]*

El poeta llama a las cosas por su nombre.
Él no quería decir eso...
quería tal vez luz sin esquinas
fama sin espinas
quedarse traspuesto,
tal cual.
El poeta llama escritor al que escribe
aunque sea por la pena
de considerarse analfabeto.
El poeta llama al del lapicero
pintor
y rastreador al perro.
Él no quería decir eso...
pero quería decirlo todo
y llamar a las cosas
por lo que pensaba que eran.
Pero era poeta y tenía que pintar
la gramática de azul macarra,
de verde pera,
del rojo de las rosas.
Tocar madera
con los malos presagios
y escupirle a las golondrinas
por pintar de negro la acera.
El poeta llama a las cosas
por lo que las cosas
querrían que fueran.
Que las cosas no son nada
y el poeta,
sin ellas,
nada queda.

lunes, 10 de octubre de 2011

*[The shine]*

La ciudad se desvestía
por las esquinas.
La noche echó su candado.
Los noctámbulos huímos,
asustados.
No había estrellas:
sólo farolas.
Nos guíaron los focos de los coches
a donde se acaba el mundo,
fuera de los edificios
fuera del gris
donde late el verde.

sábado, 8 de octubre de 2011

*[The Beasts' Carnival II]*

El escenario, de parqué carcomido, rechinó con sus pisadas. Tan sólo una mesita y un grupo de afiliados somnolientos observaban el espectáculo. En el centro del escenario parecía aún más minúsculo de lo que realmente era, y su traje, más ajado de lo que intentaba aparentar. Ni el chaqué ni la pajarita podrían pasar por ropa de alta alcurnia. El diminuto, rizado y daliniano bigote se veía demasiado falso, demasiado esperpéntico. El público observaba sus movimientos con expresiones faciales nulas. El enano no gesticulaba ningún músculo facial. El ambiente era soporífero.
Por fin, tras un largo amago de espectación inexistente por parte de cualquiera de los espectadores, el hombrecito se quitó la chistera, que le venía grande, y hurgó en su interior.
La gente callada miraba.
Removió un par de veces su manita por el hueco del sombrero.
La gente callada miraba.
Miró y tensó una ceja.
La gente callada miraba, esperaba.
Le dió la vuelta y lo golpeó varias veces en su parte trasera.
La gente callada miraba, esperaba. Alguno tamborileó con los dedos en el posabrazos de su asiento.
Encogió los hombros.
No encontraba su paloma, ni su conejo, ni su ramo de baratos claveles, ni su confeti:
La magia se le había acabado.

sábado, 1 de octubre de 2011

*[IV Festival de Perfopoesía]*



Para todos aquellos amantes de la poesía, o cualquier persona que quiera hacer algo diferente entre los días 10 y 16 de Octubre, tengo un fantástico plan. El Festival de Perfopoesía en Sevilla 2011.
Al frente del proyecto se encuentra El Cangrejo Pistolero y son muchos los poetas, tanto sevillanos como no sevillanos, los que participan en el evento.
Además, tengo el placer de formar parte de ello a través de la iniciativa de Poesía Gratis. En el formato de los famosos "Abrazos gratis" pero con ciertas diferencias. Durante el viernes y el sábado del festival seremos varios poetas los que andaremos por el centro de la capital andaluza recitando nuestros poemas y repartiéndolos en formato papel posteriormente.
En fin, si estáis interesados u os pilla cerca alguna de las actividades, acercaos. Os dejo aquí la programación y el blog de Poesía Gratis, de la mano de Siracusa (Indigesta).



 ( en el de arriba estoy, con los demás poetas callejeros de Poesía Gratis )



http://www.poesiagratis.com/


Bueno chicos, os iré informando de donde estaré recitando, por si queréis verme =)

sábado, 24 de septiembre de 2011

*[Crisis espiritual]*

- Se le veían las carnes entre los jirones de la ropa que tan gastada llevaba. No es de extrañar que no le permitan entrar en ningún sitio.

- Está usted equivocado, hermano. La pobreza no es un crimen, y mucho menos un pecado. Podría comparársele, tal vez, con una maldición. Porque es como un círculo vicioso que atormenta al hombre desde su nacimiento y no le deja crecer. Si no hay dinero, es imposible comprar una reputación, y sin reputación pocos hombres tienen dinero. Pero eso, que no anda usted acertado. La miseria sí, la miseria sí. Ya puede ser un señor el poseedor de tierras y empresas y negocios prosperos de acá a un futuro, que tras su bombín y su chaqueta y sus zapatos caros puede estar encarnado el demonio mismo, ¿entiende? No es cuestión económica, no concierne a eso. A la degradación, a la enfermedad, que habita en la mente de uno y ya le persigue de por vida. Ay, si yo me fiase sólo de aquellos que van hechos un figurín. ¡Qué sabrá usted, compadre, de los vicios que pierden a las personas! Había en la otra calle un señor que trabajaba en una herrería y por las noches cosía, escucha bien usted, ¡cosía! y mejor que muchas mujeres, vea usted, mejor que muchas. Trabajaba con el sastre porque tenía una hijita enferma, escupía sangre ya a los cinco años, una cosa mala. No mucho aguantará, y la madre, de cuidarla y verle medio muerta cada día, sin poder jugar con sus amigos en la calle, enfermó y quedó tísica en pocos meses. Dos enfermos en casa, el médico, la medicina, las sábanas, que se tiran no vayan a tener la enfermedad, y él de herrero. Un caso, un caso. Así que todo lo gastaba en su hijita y su mujer como hombre responsable comprometido a su familia. No iba a dejar morir a lo que había nacido de él, o aquello que amaba, no señor, y no podía comprarse unas botas nuevas por lo que iba a trabajar con harapos y barbas, que se ahorraba del barbero. No habrá hombre más pobre y más rico de alma. Y yo lo veía, antes de conocer sus causas, o sus consecuencias más bien, y lo miraba con asco y no le dejaba a mi mujer ni que respirase su aire, ¡qué verguenza me doy ahora que conozco la verdad! Sin embargo, allá en las casonas alejadas de la ciudad vive un noble, varón pimogénito que anda siempre con sus caballos y sus dineros, cortejando a dama por día, y diciéndole lo mismo a cada una. Las desvirga y adiós, oiga, ¡adiós! Las pobres damitas se creían en el altar, había ya hablado el galán con las madres y las familias y al ser pobres gastaban sus ahorros en comprarle trapitos bonitos, de moda, para que agradaran a su futuro marido. Pero eso a él le daba igual, porque si tiene problemas nadie le tose, ¿quién le va a toser si va a los negocios de los padres de las muchachas y con eso que gasta en las empresas alimenta a la familia por dos días? Pues los padres sólo pueden morderse las lenguas y clamar por lo bajini, llegar a casa con el rabo entre las piernas y escuchar el llanto de la hija sintiéndose como un canario en jaula, que o canta o no le echan alpiste. Y yo lo vi un día y le dije a mi mujer que se acercara y le presentara a mi hija mayor, que tiene edad ya para casarse y es bonita aunque de humilde casta. ¡Por Dios juro que apunto estuve de bendecir yo aquella unión! ¡Fuese posible la deshonra para la familia por los necios prejuicios! La miseria le salía a los ojos cuando miraba los pechos desnudos de una chica joven y ya, habiéndose configurado una imagen mental, ni otearlos quería de nuevo. Un depravado. De lejos debí haberle olido e impedir así las posteriores lágrimas de mi hijita. Pero los lujos me cegaron. El egoísmo humano, ¡no se ría, oiga! ¿cree usted que no hubiese caído en su trampa? Se lo digo yo, apuesto que sí. Se imaginaría usted ya en los campos cuando hace calor, o cazando en invierno, con holgura en su empleo, que siempre tendría al yerno. Ay, conoceré yo al hombre... Hermano, vienen tiempos muy malos para el bolsillo...¡pero peores para el alma!

lunes, 12 de septiembre de 2011

*[Sensación de vivir de las chicas profiláctico]*

Taconeaba molesta en la acera de la parada del autobús. Sabía que el curso de los acontecimientos la llevaría, irremisiblemente, a llegar tarde, cosa que no podía permitirse. Además, no era sólo la impaciencia lo que la carcomía. Se sentía incómoda embutida en ese vestido de cuero y exponiendo sus piernas salvo por las finas medias de encaje. No obstante, sería improbable que la dejasen pasar al antro al que iba si no se vestía así. Miró a un lado y a otro, intentando atisbar la frente del vehículo en el horizonte de la carretera, pero no fue así. Un hombre de anciana edad, que estaba sentado en la parada, no le quitaba el ojo del trasero. Y ella no dejaba de moverlo, nerviosa. Como el transporte metropolitano no daba señales de aparecer, buscó una alternativa.

- ¿Dani?- preguntó después de sacar el teléfono de la chaqueta, descolgarlo y marcar un número conocido- ¿te importaría llevarme al centro?...Sí, ahora. Es urgente. Gracias.

Tras varios minutos recostada en la pared reconoció uno de los coches, corrió hacia él y se subió al asiento del copiloto.

- Muchas gracias por venir- dijo al entrar.
- Nada, no importa. Me pillaba de camino.
- Ya.
- Bueno, ¿no me dices qué es eso tan urgente?...Eh...te estoy hablando.
- Ah, perdona- le contestó apartando la vista de la ventana-, estaba distraída.
- No me digas. ¿Me lo vas a decir?
- He quedado con Malène.
- ¿Con esa zorra?
- Sí, es la mejor compañía cuando, precisamente, quieres zorrear.
- No es tu estilo. ¿Por eso vas así vestida?
- ¿Esto es un interrogatorio? Qué sabrás tú de mi estilo.

Continuaron el viaje callados hasta adentrarse en las calles del núcleo de la ciudad.

- ¿Dónde te dejo?- tajó Daniel.
- En Sello.
- ¿La discoteca nueva?
- Sí.
- Ajám- espetó frunciendo el ceño y arrugando la barbilla.
- ¿Qué pasa?
- Nada.
- ¿Te crees que soy tonta?
- No he oído cosas muy buenas de ese sitio.
- La gente habla por hablar.
- Tú sabrás.

La dejó dos locales antes del garito y salió pitando, a una velocidad propia de cuando estaba enfadado. Ella, al poner los pies en la calle sintió frío y se abrazó el costado, buscando en sí misma algo de calor. La verdad es que no sabía muy bien dónde se estaba metiendo.

- ¡Por fin!- exclamó Malène agarrándola por el brazo- ya creía que no llegabas e iba a tener que entrar sin ti. ¿Sabes cuánto cuesta conseguir una entrada de éstas, tía?
- ¿Hincar mucho las rodillas?
- Más o menos- respondió riendo su nueva amiga.- Conozco al dueño, ya me entiendes. ¿Has venido en autobús?
- Como llegaba tarde he llamado a Dani.
- Parece tu taxista.
- Ya, le debo un polvo.
- Se preocupa por ti, está bastante pillado.
- Sólo es sexo. Además, para preocuparse ya están mis padres.

Pasaron guiñándole un ojo al mastodonte anfetaminado de la puerta, dejaron sus prendas de abrigo en el guardaropa y se dirigieron a la barra. El local, como cabía esperar de todo lugar de moda era oscuro, ruidoso y de decoración decadente. Con todo, se antojaba bastante amplio.

- Necesito cogerme una buena esta noche- comentó Malène acercándose a la camarera.
- ¿Y eso?
- Está mi ex por aquí.
- ¿Y?
- No quiero verle y recordar que me dejó por mi mejor amiga- le respondió sonriendo y, posteriormente, se giró y pidió dos vodkas.
- Yo no quería, gracias.
- ¿Quién ha dicho que sean para ti?

Se generó un silencio incómodo, que no se rompió hasta el segundo trago, cuando la anfiitriona creyó oportuno:

- Bueno, yo te dejaré dentro de un rato. Tengo que ir a ver al dueño a la sala VIP y agradecerle las invitaciones. Pásalo bien, guarrita. Por cierto, bonito vestido. Casi se te ven las tetas.
- ¿No es eso lo que se pretende?- contestó ella, sarcástica.

Hablaron de alguna que otra banalidad hasta que Malène, con su imponente figura, considerablemente más ebria que antes, se encaminó a la planta superior.
"Habrá que bailar sola" se dijo en su fuero interno para infundirse ánimos. Bailar le gustaba, aunque en compañía y cuando estaba relajada, y no tensa y a la defensiva como estaba en esos momentos. Aún así necesitaba una noche como ésa y ya había llegado muy lejos, moviendo hilos y consiguiendo entrar, como para marcharse a casa. Creyó que le costaría adaptarse, pero pese al miedo inicial a la torpeza supo acoplarse bien. No era la única bailando sola, ni mucho menos. Todos en aquel lugar parecían almas solitarias, buscando pecado en la sombra, ocultos por la noche y encubiertos por el alcohol y la ropa lasciva. La inyección de adrenalina le subió al cerebro y conquistó su cuerpo; en poco tiempo estaba dándolo todo en medio de la pista. Se le acercaron chicos y chicas, y gente con género no identificado, hasta que perdió la cuenta de con cuantos o cuantas bailó o se besó. La humedad del ambiente y las luces intermitentes terminaron por marearla, así que paró para ubicarse y buscó refugio en el aseo. Los tacones empezaban a dolerle.

- Perdona- avisó a una chica rubia que estaba en la puerta del baño,- ¿eres la última?
- No, yo sólo quiero vomitar.
- Pero, ¿estás bien?- le preguntó preocupada.
- Nnnnoo- respondió vomitando en el suelo.
- ¿Quieres que avise a alguien?
- Ya estoy mejor- dijo al terminar de echar todo.- Gracias. Incluso es mejor así, había cenado mucho esta noche y no quiero engordar.

Vio como la chica se marchaba así, sin más, con sus kilos de menos, y se lavó la cara para refrescarse un poco y eliminar los atisbos de aquel olor.
Cuando volvió a la pista la magia se había marchitado y el final del embrujo le refrescó la memoria. Empezó a recordar de nuevo todo aquello por lo que estaba allí, en aquel tugurio de diversión noctámbula. "A la mierda" pensó mientras se bebía una copa que encontró por allí tirada. No supo lo que era exactamente, pero le quemó la garganta y le subió rápidamente a la cabeza, que es lo que quería. "Vamos allá".
La noche cobró su impulso devastador y emborronó cada una de las imágenes que le fueron sucediendo: manos, roces, labios, alcohol, humo, oscuridad, penumbra, oh no luz, molesta, oscuridad, mejor sí mejor, sábanas, plástico, mal aliento.
Se despertó casi al amanecer en la cama de un extraño y prefirió no mirarle la cara al salir. Hacía frío aquella mañana, aunque no lo percibió con claridad, todavía estaba turbada por la noche anterior. No había dormido en una casa alejada de la discoteca, por lo que se encaminó hacia la estación de autobuses andando, cogió el primero de la mañana y estuvo en su casa a la hora. No estaban sus padres, perfecto. Se descalzó y se tumbó tal cual en la cama, mirando al techo. Como no podía dormir se encendió un cigarro. "Mierda, no recuerdo si se puso condón."
No se había sentido tan vacía nunca, pero eso no le preocupaba. Tenía mucho, mucho humo para llenarse entera.









sábado, 3 de septiembre de 2011

*[Esto son sólo cosas que me pasan por la mente]*

Nueva York es la ciudad que nunca duerme, pues si a las siete de la mañana toda su población se pusiese en marcha se requeriría tal cantidad de electricidad que se produciría, sin remedio, un apagón general. Los taxitas no acuden a donde se les llama, pues es tal la cantidad de personas que requieren de sus servicios que les es preferente, tras dejar a sus últimos clientes, vagar sin rumbo hasta divisar a otros nuevos, que sería casi simultáneamente. La propina es una cultura establecida que suele rondar el diez por ciento de la factura, pues el salario de los empleados del sector servicio es tan bajo que de lo que viven, realmente, es de este aporte extra. A pesar de que estés en la planta más alta de tu edificio y el mundanal ruido no alcance tu habitación, se puede seguir apreciando un zumbido, de fondo, que indica que todo sigue ahí, que si sales encontrarás tiendas abiertas, coches pitando y gente comiendo por las calles, sea la hora que sea. Si te paras en medio de una calle cualquiera verás como todo tiene un por qué y todo se mueve hacia una dirección que, como las personas que siguen su cometido diario, es inevitable.

viernes, 2 de septiembre de 2011

*[Vuelo]*

Las nubes se difuminan y el cielo brilla, bajo mi percepción. Puede que sólo sea eso: el punto de vista de una adolescente a mil metros de altura. Serán los millones de pies que me alejan del suelo los que me confieren esta seguridad. Llevo cuatro horas entre cabezadas escurridizas, provocadas por la pastilla que evita mis nauseas y provoca en cambio un estado de semiincosciencia difícil de soportar, comida de catering de sabor ajado e impersonal, los toques de brazo del compañero, absolutamente desconocido, y las más de cien páginas de un libro recién estrenado como única compañía viable. El vuelo, con todo, no me es desagradable, como si lo fue la carne mustia de la comida y la angostura del servicio. Muchas veces me he contemplado mí misma ansiando un resquicio de tiempo para sentarme y, simplemente, escuchar música, como ahora, que estoy obligada. Con la almohada y la manta que han repartido de manera individual y poniendo el respaldo del asiento en horizontal me puedo transportar unos segundos a mi cama. Además, si abro los ojos me veo envuelta en nubes. Las alas del Airbus, situadas unos asientos por delante del mío, me recuerdan a las gaviotas. No sabría decir por qué a una gaviota y no una cigüeña o un gorrión, pero es así. 
Aquí arriba el tiempo pasa más lento porque el Sol me sigue la espalda. Se perpetúa un continuo mediodía a donde quiera que vaya. Parece mentira que haya salido de Madrid a las 2 y vaya a llegar a Nueva York a las 4. Con todo esto, se me detiene el tiempo, y esa escasa ganancia, porque estamos hablando de vulgares horas humanas, me permite dejar volar, amén del cuerpo, la mente. No dejo de pensar que a día de hoy me queda todo por hacer, que tengo que empezar a fabricar mis vivencias, para cuando me jubile y ya no me queden más sueños sino tan sólo un puñado de recuerdos a los que afiliarme, y que estoy avanzando en una dirección esperanzadora. Tengo la impresión de que voy a conseguir lo que quiero, a pesar de lo pesimista que siempre he sido. Aquí no cabe el miedo, o será que no vuela en mi avión. 
Con el mar abajo, puedo decir que todo, en este preciso instante, es luz y vida.

miércoles, 31 de agosto de 2011

*[Me las piro, señores]*


Porque yo sé que os sigue haciendo la maleta vuestra mami.

*[Matar a Platón]*

Hay días que compro un poemario de Chantal Maillard y vuelvo a casa con un par de zuecos bajo el brazo.
Me encanta esa mujer. Miento. Sí, sí, miento. Puede que sea una santa o una zorra. Me gusta lo que escribe, indepentientemente de si me gusta ella, que no lo sé.


martes, 30 de agosto de 2011

*[Me es difícil escribir cuando no estoy presente]*

Si no me superviso
se me desmadran las ideas
y cuando llego -tarde, como siempre-
han empezado una orgía.
Sin mí.


*[Síntesis de un análisis algo mayor]*

La generación de la guerra
vivió una
y pasó hambre.
Corrieron demasiado
por tierras de nada
con demasiado poco.

La generación del trabajo
(la de después)
creció comiendo
y sudó para hacerlo,
sin confiarse por todo
lo que habían ganado.
El estudio marcó las clases
y escatimó el bienestar.

La generación del estudio
(la mía)
nació ya comida,
de gratis,
narcicista del todo en demasía
con una crisis en el culo
exponiendo
la ignorancia
que cultivamos
con tanto libro.

*[Pálpito]*

Embarazada de mí misma,
dándome a luz a mí misma,
naciendo de mí misma,
en un bucle infinito.

*[Sangre]*

A mí la sangre no me gusta.
No me desagrada el color
                                        [carmín oscuro,
ni la textura
                                        [agua sucia.
El sabor
                                        [hierro, óxido.

Me parece que tengo demasiada sangre dentro.

domingo, 28 de agosto de 2011

*[Natalia, Marina, El Papa]*

Todos sabréis, y los que no, os lo digo ahora, que he estado con mi queridísima amiga Natalia por la capital española.
Os un pequeño resumen en video aquí, y abajo su blog:



http://nat93chapresto.blogspot.com/

viernes, 26 de agosto de 2011

*[Error]*

Pensar que soy lo que menos me gusta de mí misma.

*[Gastronomía esnob]*

¿El menú de hoy, por favor?
Tenemos de plato principal un Ojo de bife con crocante de hierbas”,
y de postre un "Parfait en camisa vietnamita".
O voy a paladar vendado
o muero de inanición.

*[Puntos, aparte]*

Así
Cuantas veces diga
cuantas veces oiga
que estamos en un sitio
porque no hay remedio
DÍGALE
que se enfunde el polvo
y se escurra las armas
ÓIGALE
partir a la tierra
que usted mismo se prometió

*[Yo respiro si me apetece, oiga]*

Cuatro paredes no son nada
si el viento arrecia.
Acaban volándose,
o mis sesos.
Me gusta estar sola
sabiendo que no estoy sola.
Escojo mi cuarto
a la compañía
confiando en que me perdonen
por verles subrepticiamente óbices.
La elección de quien no se sustenta
con cuatro esquinas descamisadas
o se siente poco amada
sin el amor que le proyectan
los otros
que son ella
que son cuatro vientos
una pared
mis sesos,
yo.

miércoles, 24 de agosto de 2011

*[Yo y yo misma, en ese orden]*

No me consentía contradecirme, por eso de pelearme conmigo. Todos sabemos que las discusiones con uno mismo son las peores, las más violentas, imprevisibles y corrosivas. Basta tan sólo una de esas reyertas con tu persona para que te pases años sin reconciliarte. Lo peor, sin duda, es que no puedes escapar de esa disputa y ni en la cama, antes de dormir, puedes lidiar con tus sábanas. Un tema delicado, hay que decirlo. Yo cometí algunos fallos que me llevan a la situación actual, de catarsis, cuando menos:

Primero la pifié el día que decidí prohibirme la censura. Porque claro, eso es imposible. Estaba cometiendo una gran contradicción y como no sabía hacia que posición decantarme, si a la inhibida o a la deshinibida, acabé escupiéndome a mí misma, que esas cosas pasan.

En segundo lugar me prometí serme fiel siempre. Lo cual es harto improbable si te dedicas a pasearte por las camas de otras personas y pertenecerles más a ellos que a tu propia integridad. Pero claro, es difícil si la vida te da palos y prefieres morder la almohada a quedarte sin lágrimas. Ahí fue cuando me pegué por primera vez una torta. Para avisarme de que el curso de los acontecimientos no me estaba gustando lo más mínimo.

Por último, el principal agravante de todo aquello fue vivir una vida que no era mía. No hablo de fallos como insultar a la madre de un tío que te ha hecho un feo y que esa madre esté muerta. No, tampoco de echarle azúcar a las palomitas en lugar de sal. Ni mucho menos de algo como llegar tarde a tu boda. Me refiero al peor fallo que se puede cometer: deshacerse en las promesas que otros te hacen de tu futuro, pensar que perteneces a un mundo que se te antoja lejano hasta que ves como la vida se te escapa entre las cuatro paredes que te has estado lapidando durante media vida y darte cuenta de que esa no era tu vida y que derruir esos ladrillos significa quedarte sin vida porque ya lo basaste todo en dichos pilares.

Lo bueno de todo esto es que tengo 17 años, a pesar de las ojeras, y que ese último error, aunque mortal, me propinó a mí misma tales puñetazos y redoble de patadas que espabilé y tiré abajo los pocos ladrillos que me había dado tiempo a colocar de forma errática.

En fin, señoras y señores, sed vosotros mismos y llevaos bien con vosotros mismos.

martes, 23 de agosto de 2011

*[Asesinator]*










*[Just before, the sunset]*

- La situación no juega a tu favor, preciosa- le dijo barajando las cartas y mirándole al escote.
- Tengo un as bajo la manga.
- No creo que te sirvan tus ases de corazones ahora.
- Hablaba del as de copas- respondió girándose sobre sí misma en el taburete y llamando al camarero.- Un whisky solo, por favor.




lunes, 22 de agosto de 2011

*[Ains]*

El suspiro no dejaba de rebotar entre las cuatro esquinas del cuarto hasta que abrió la ventana y pudo volar libre. Saltaba de mundo en mundo sin importarle en qué galaxia se encontraba, porque todos y cada uno de ellos, ya fueran verdes, lilas o añiles, no acababan de convencerle. No podía señalar ningún error concreto, y aunque supiese a la perfección cual de todos los visitados era el planeta que más le gustaba, seguía palpando el sentimiento de que en algún lugar habría otro aún mejor. Le daba igual encontrar el 100%. Bajo su punto de vista, ante la completa ignoracia que tenía respecto a todo lo que no conocía aún, siempre cabría la posibilidad de encontrar un 200%, un 500%, un 1000%, y así sucesivamente.
Entró el suspiro en uno de los planetas, con la intención de auscultarlo, cuando se encontró con un suspiro anciano de éstos que nacen cuando alguien termina de subir una cuesta empinada de un pueblo de sierra.

- Bienvenido.
- Hola, gracias. No vengo por mucho tiempo.
- Entiendo...¿De cuánto tiempo dispones? Podría enseñarte esto.
- No lo sé. Depende de muchas cosas.
- ¿Como cuáles?
- Si me siento cómodo o no, principalmente. Y después intervienen otros factores.
- Al menos me gustaría saber tu nombre mientras disfrutamos de tu compañía.
- No tengo nombre.
- Aquí todos tenemos un nombre. Te llamaré Dalmatino.
- No me gusta ese nombre. Me voy.
- ¿No temes el cambio?
- No.
- ¿No hay nada que te de miedo dejar atrás?
- No.
- Qué triste. Eso significa que nada te importa lo suficiente.
- Es cierto, pero no veo el motivo de la tristeza.
- Que tú tampoco le has importado lo suficiente a nada. Nada ha intentado detenerte... Adiós.
- Adiós.

El suspiro se marchó de allí extrañado. Qué sentido tenía un planeta de suspiros y qué demonios hacía un suspiro hablando.

*[Madrid y sus playas]*

Me dijeron que Madrid no tenía playa,
pero salí por Atocha con el bikini puesto
y en el cuello la toalla.
Me tumbé al Sol en Callao
y bajé rodando a Sol sin chanclas.

Me dijeron que Madrid no tenía playa,
pero no fueron convincentes.






lunes, 15 de agosto de 2011

*[Madrid v.1]*

Me voy a Madrid.
Me cago en el Papa, señores. Me va a colapsar la ciudad.
Como si no me colapsara ya bastante la temperatura.
En fin.
Esta canción me vendría mejor si marchara a la playa.
Pero, qué demonios. Me gusta y la pongo porque me da la gana.


Y por si no quedó claro que el blog es mío y hago con él lo que me da la gana... aquí va una de humor negro:


domingo, 14 de agosto de 2011

*[Cataclismos]*

Si me tapo los oídos no escucho. No se me van las horas largas ni los minutos cortos. No me ando con chiquitas ni provincianismos, dejo de dar vueltas en la cama, como es lógico. Empiezo a rimar a diestra y siniestra sin darme cuenta de los peligros que corro. Mi alma lucha cuerpo a cuerpo con todo aquello que se propone dejarme sorda.
Cuando delante de mí no hay más que aire y agua y luz, oigo en mi cabeza el zumbido de cien años de vida. Cierro los ojos y espero a que me despierten.





*[Sentimiento de culpa (A mi madre) ]*

Bueno, seguimos de cumpleaños. Y es que mi padre y mi madre se llevan sólo un día.
Esto se lo escribí a ella el año pasado, espero que os guste:


Ayer por la mañana era sábado
y por la tarde
me pareció apreciar un domingo,
al verte tumbada
y exhausta,
como muchas veces yo estoy.
Pero ayer fue todo el día sábado
pese a descubrir lo humana que eres.

Te llamo siempre que te necesito
-que es todo el tiempo-
para pedirte o llorarte.

Me das y me consuelas
porque es lo que tú necesitas:
El verme vivir.

Cuán egoísta puedo ser
para que, quizá, sólo al irte,
me de cuenta de que me diste
algo que jamás podré darte,
que no es amor
y sí vida.

*[Bic]*



*[Annie]*


*[The Beasts' Carnival]*

- No entres.

...

- Perdona, con esto no quiero decir que no me lo pase bien, que no esté agusto. Es cómodo, ¿sabes?
- Sí, lo sé.
- Es difícil explicarlo.
- Sobre todo si una puerta nos separa.

Abrió lentamente, mientras él la esperaba sentado en el suelo. Cuando sus ojos se encontraron él entró corriendo al baño a vomitar.

- Prefería que no me hubieses visto así- dijo la chica apoyada en el marco de la puerta, desnuda.

Tenía la cara llena de hongos y las extremidades le habían desaparecido, formando bloques macizos. Del pecho le nacían brotes orgánicos a modo de raíces.

- Así que por eso huías- intentaba reprocharle él a la vez que se recuperaba de las arcadas.
- Tienes que irte.
- Sigo sin entender qué demonios pretendes con ésto.

La chica suspiró y, sin atreverse a acercarse al chico, le dejó una entrada en el lavabo, para posteriormente salir de la habitación dejando a su paso una deleznable mancha parda que pringaba el suelo.

The Beasts' Carnival

Se acercó la misma tarde al lugar indicado a la hora indicada. Después de contemplar atónito y aterrorizado un desfile de mutantes, a cual más asqueroso, comiéndose entre ellos, pudo ver a la chica árbol plantarse en el medio de la masacre con deliberada tranquilidad. Una vez se situó en el centro del escenario esperó a que una a una toda la jauría de alimañas le devorasen. No obstante, todas salían despavoridas en el mismo momento que sus lenguas rozaban la piel de la joven.
Él, mudo de miedo, asco y pavor no supo hacer nada. No hizo nada. Se quedó estancado en un asiento sucio mientras el amor de su vida, o lo que quedaba de su humanidad, era masacrado, abucheado, ultrajado, vilipendiado.
Cuando la función terminó no encontró fuerzas para salir de aquella sala. Tenía el cuerpo paralizado, sin embargo su mente actuaba veloz buscando una y otra vez las semejanzas que aquel ser podía tener con lo que recordaba de ella.

- Aquí son carnívoros, no hervíboros- le sobresaltó ella, que sigilosamente se había sentado en el último asiento de la fila.

Giró la cabeza con prudencia, pero no pudo aguantar la fatiga al verla y corrió dejando atrás aquella absurda pesadilla, aquella repugnante chica.

Pasaron dos noches en las que su conciencia le hizo ver cuánto la había denigrado.
Volvió a la semana, con las ideas más claras y un esquema trazado en la cabeza sobre cómo salvarla de aquel mundo y demostrarle que ella era mucho más que hongos y savia. Que pese a todo, para él seguía siendo la misma.
La niebla impregnaba la noche que fue a buscarla. La niebla impregnaba la noche que entró en el circo y se sentó a observar el espectáculo por segunda vez. Al ver que el show no comenzaba, se acercó al escenario, tropezándose en el camino con un brazo de bestia, con uñas largas como garras. En la mitad del camino una cabeza mantenía su mueca de terror. Al final, un cuerpo despedazado se hallaba abierto en canal por la mitad. La matanza había llegado a su fin. Todo el circo estaba impreso por el líquido marrón que ella emanaba, pero su rastro se perdía al adentrarse en el bosque.

La niebla impregnaba la noche que decidió suicidarse, colgado de un árbol.
La niebla impregnaba la noche que su cuerpo, después de haber expirado su último aliento, fue devorado por un árbol.







15-11-2007

sábado, 13 de agosto de 2011

*[Puntos de vista (A mi padre) ]*

Hoy es el cumpleaños de mi padre, día trece de agosto.
El año pasado le escribí una cosa que me gustaría compartir con vosotros:

Quieres hacerme ver
que la vida
es hermosa.
Que creer en las personas
vale la pena
y arriesgar por los ideales
-con prudencia-
es necesario.

Sólo en ocasiones
-cuando no lo consigo-
tengo miedo
de contaminar
el mundo de tus ojos
con lo podrido
de los míos.

Luego te miro
y consigo
entrever
parte de esa maravilla
en la que me dices
que vives.

Ahí mi pesadilla.
Porque el problema
que acarrea
admirar a alguien
como yo te admiro
está en no saber
qué hacer
para agradecerle
su existencia.

*[Summer Time]*


*[Shit love]*

La diferencia entre "tener sexo con alguien" o "to have sex with someone"
depende
de la nacionalidad del que te mira vestirte desde la cama.





viernes, 12 de agosto de 2011

*[Migraña moral]*

Me duele el hambre.
Me duele la sed,
pero aún más la carencia de ella.
Me duele la concatenación de acciones ajenas a mi decisión.
Me duele ser yo por no tener otra opción y no por el mero hecho de querer ser yo.
Me duele que los hombres se afeiten para aparentar seriedad.
Me duele que llevar tacones sea un privilegio exclusivo de mujeres.
Me duele  la carne.
Me duele que me miren por ser carne,
y aún más que vean lo que no es carne.
Me duele el nihilismo desenfrenado.
Me duele la pereza post-depresión,
el racismo post-moderno
y la constancia de los post-its.
Me duele el estrabismo de ideales
y el histrionismo de mis ideas.
Me duele que las noches estén condenadas al sueño
y los días al trabajo.
Me duele repetirme.
Me duele la mentira, no la verdad.
Me duele ser tan feliz cuando el mundo está sufriendo.
Me duele que el mundo sea feliz cuando yo estoy sufriendo.

Me duele saber que no hago nada.
Me duele querer hacer algo.
Me duele no poder hacer nada.

jueves, 11 de agosto de 2011

*[Zaz]*

Sumergida el otro día en una conversación bastante condimentada sobre música con un amigo de mi madre, acabamos creyendo dilucidar lo que son los parajes del Jazz, el Soul y su confluencia. Yo, ignorante, me agarré como a un clavo ardiendo a los clásicos. Él me mostró una maravilla.
Una chica francesa, a la que no he parado de descubrir desde entonces, llena de energía. Impacta.
Lo catalogaría como Nu-Jazz y Soul, pero como he dicho antes: si salgo del Jazz por excelencia me pierdo. Así que prefiero que juzguéis vosotros mismos:



Os pongo sólo una canción para no saturar. Hay otras buenísimas también, pero esta me parece muy representativa.

miércoles, 10 de agosto de 2011

*[Ellos.Yo]*

Ellos comen.
Yo miro.
Ellos beben.
Yo miro.
Ellos fuman.
Yo miro.
Ellos viven.
Yo miro.
Ellos mueren.
Yo vivo.

sábado, 6 de agosto de 2011

*[Monstruos de caramelo]*

En la oscuridad no se distinguen bien las sombras. Ese es el motivo principal que rige el miedo infantil a los monstruos de armario o de cama.

Estaba yo tapada con mi sábana, no sin cierta calor -era agosto-, mirando al techo y pensando en mis cosas cuando entró una brisa por la ventana moviendo a su paso las finas cortinas de mi balcón. Aunque al principio me pareció agradable un soplo de aire algo más fresco al poco tiempo empecé a extañarme por lo gélido en que se estaba tornando el viento. Podría abogar sin rodeos que aquel clima pertenecía a un mes más frío, como por ejemplo enero.
Me levanté, cerré el ventanal y me tapé, además, con la colcha. Habían pasado unos minutos, en los cuales Morfeo había tanteado ya mi somnoliencia y me estaba cogiendo en brazos, cuando un sonido me sobresaltó. Miré a un lado y otro y creí distinguir una forma inconclusa corriendo por el suelo de mi habitación y metiéndose debajo de mi cama. Me convencí a mí misma de que aquello habría sido una ilusión, que los monstruos no existen y que en la parte que comprendía el espacio entre mi somier y el suelo tan sólo habrían unas pocas pelusas que atestiguaran la pereza que me da agacharme cuando limpio el cuarto. Como todo se había calmado decidí reprenderme a mí misma por haberme comportado de esa manera. No se me ocurrió otro modo de demostrarme lo irracional del acto que metiendo la mano debajo de mi cama y comprobando, que efectivamente, allí no había ni rastro de presencias oscuras, ni seres deformes de alcoba, ni personajes de series animadas de Pixar. Pero no fue así: Al introducir los dedos tras la tela sobrante que colgaba de mis sábanas pude acariciar, sin duda, lo que era una superficie rugosa y viscosa que se movía e incluso, si te detenías a escuchar, respiraba con cierta dificultad.
Aparté la mano lentamente en un tembloroso ataque de pánico y me la acerqué a la cara para intentar ver o discernir qué era aquel líquido untuoso que se dispersaba por mis dedos. No pude observarlo, pero sí olerlo. Quiero decir que no me siento orgullosa de lo que voy a decir a continuación, no obstante es un requisito para el desenlace de la historia por lo que no me queda más remedio. Como el olor me extrañó, me acerqué el índice a los labios y lamí, sólo para comprobar que mis sospechas olfativas eran ciertas: Aquello sabía a merengue.
Suspiré, entonces, aliviada y me dormí plácidamente porque, ¿quién le tiene miedo a un monstruo que sabe a postre?


lunes, 1 de agosto de 2011

domingo, 31 de julio de 2011

sábado, 30 de julio de 2011

*[Camille Saint-Saens y mis Tibulinos]*

Los tibulinos son una especie animal de la familia de los unicornios de mar imaginarios.
El cuerpo de los tibulinos está cubierto por una armadura de placas o anillos de constitución ósea. No tienen aleta anal, al igual que los hippocampus o caballitos de mar. En su lugar tienen una cola prensil que se enrolla en espiral y les permite aferrarse a tallos y plantas subacuáticas.
Habitan en las aguas templadas de los sueños y se alimentan de los secretos más oscuros del  ser humano.
No necesitan el oxígeno para vivir, por eso no me fío de ellos.


*[Don't go]*

I stopped checking for monster under my bed
when I realized they were inside me.


*[Across the sea-Across the sky]*

He realized that he felt happy, something he hadn't felt in a long time.

She knows nothing.



*[Welcome to Reality]*

If you bite my lip or neck
You better start taking your fucking clothes off
Just sayin'

*[Leck mich im Arsch = Lámeme el culo]*

Para ti, que te gusta tanto Mozart.


Leck mich im Arsch!
Laßt uns froh sein!
Murren ist vergebens!
Knurren, Brummen ist vergebens,
ist das wahre Kreuz des Lebens,
das Brummen ist vergebens,
Knurren, Brummen ist vergebens, vergebens!
Drum laßt uns froh und fröhlich, froh sein!

¡Bésame el culo!
¡Alegrémonos!
¡Quejarse es inútil!
Murmullar, mascullar es inútil,
es la verdadera miseria de la vida,
mascullar es inútil,
¡murmurar, mascullar es inútil, inútil!
¡Así que estemos contentos y felices, alegres!

*[Fases del Amor]*

Que cada uno interprete lo que quiera, o pueda.


Gracias Héctor por hacerme ver el don que es poder admirar toda la magnitud de obras como esta.

jueves, 28 de julio de 2011

*[Como si el deseo no fuera conmigo]*

Su mirada se filtraba entre mis párpados con la misma intensidad que la luz de las farolas de la calle intentaban entrar al cuarto. Con la misma intensidad que la luz de la farolas de la calle intentaban alcanzarnos, a nosotros, que gozábamos.
Me miraba pausada, desde arriba, jadeando. Prolongando un momento que debía hacerse eterno, y sin embargo, fluía lentamente, dejándonos sin aliento y sin esperanza.
Mis manos ascendían por sus piernas y caían en su inabarcable vientre. Plano, accesible, vibrante.
Mi nariz paseaba por su olor, que ya no le pertenecía a ella, porque ella entonces era toda mía. 
Su pelo me hacía cosquillas en el pecho, sus pequeñas manos arañaban mis hombros. Era mía

Abrí los ojos en la oscuridad de mi habitación, oyendo las cigarras del parque. Otra vez ese sueño. Otra vez ella entre mis sábanas, en recuerdo de todos los días pasados que la cama se hizo castillo y foso.
Me senté en el colchón y me froté los ojos a sabiendas de que haría falta más de una hora para recobrar la compostura. Puse algo de música tranquila y me abandoné al poema que me había dedicado horas antes. Ese poema que me había alterado al evocar el calor y la música que nos hicimos sentir.
Eran sólo palabras, eran sólo recuerdos, era sólo pasado.
Pero era real, al fin y al cabo. El año que difería su presencia no había cambiado todo lo que sentía al verla, pese a la indiferencia que solía mostrar.
Que el deseo no iba conmigo, que no tenía ganas de probarla, de saberla, de hacerla mía.
Que no me perdía en sus rodillas al verla o no me excitaban sus rasgos.
Que no se filtraba entre mis párpados.
Las noches eran más días sin ella, que les oficiaba la luna y los tejados propios de agosto. Los despertares más reales, menos promiscuos y también igual de ajenos.
Como si cuando ella no estaba la situación era más aburrida, aunque no hablásemos, aunque evitásemos mirarnos. Podía fingir perfectamente que la química no me arrastraba al abismo. Así era más fácil.
Tan sólo debía mantener las distancias un poco más...
...

Sus labios en la nuca, en la nuez, en la oreja izquierda. Su hábil manera de distraerme del destino de sus manos, que bajaban, y bajaban y ah...
 ...


No podía dormir, o trasnochar entre momentos ya vividos, y dejarme llevar por el placer y los impulsos.
Debía estar sereno para afrontar verla sin tocarla, y aparentar que no sabía que todo esto estaba a punto de caramelo. Porque esa cocción desestabilizaba todo el año de separación.
Un único fallo, una contada decadencia y el foso y el castillo y el sudor se haría patente en menos que canta un gallo. Toda esa irrevocabilidad que parecía absorbernos con una simple mirada consentida, una charla agradable, inteligente y ya ni hablar del roce de labios.
Tan sólo debía mantener las distancias un poco más...
...
y todo habría acabado.

*[Tu piano, tus dedos, mi piel]*

Inspira.
Espira.
Tócame bajo esta luz que nos acontece,
tan callada,
tan oculta,
tan húmeda.
Inspira.
Espira.
Tócame un acorde mayor por el cuello
y baja al menor por mis caderas.
Inspira.
Espira.
Lo difuso,
tus dedos
mezclándose con mis notas.
Inspira.
Espira.
Despierta sudando,
yo desnuda,
a tu lado,
lamiendo las heridas
que hice un año atrás.
Inspira.
Espira.
El piano suena
anegado en dudas
y sumido en la desgracia.
La única forma de vencer la tentación
es cayendo en ella.
Inspira.
Espira.
Mi olor
tu olor
el almizcle.
El dolor del placer
el placer del dolor.
Tu olor
mi olor.
Inspira.
Espira.
La música y el calor.
Los movimientos se contorsionan.
La memoria aprieta
lo poco que le queda
de la música
del calor
de tu olor
de mi olor.
Inspira.
Espira.
Jadeos.
Es real.
No me dejes de tocar
hasta terminar la obra,
hasta que el piano vibre,
que yo vibre.
Inspira.
Espira.
Es real,
es calor
y es música.

miércoles, 27 de julio de 2011

*[Muerte]*


Es difícil entender
la ausencia de estos versos
si aquel coche
no hubiese parado.

Veintisiete/Julio/2010